Jorge Eduardo Londoño Ulloa
Senador de la República
Orgullosamente Boyacense

 

La mayoría de los colombianos nos acercamos a los 50 días de confinamiento. Un sometimiento necesario, pero que a todos, desde distintos puntos de vista, nos ha costado. Mi reflexión del día de hoy es sobre qué estamos haciendo para apoyar a aquellos a quienes les ha costado más, me refiero puntualmente a los pequeños y medianos empresarios de la ciudad y del campo. Durante este tiempo, ellos han tenido que sortear dificultades y angustias que no pueden ser desatendidas por el estado, no sólo porque hay empleos y familias detrás de la zozobra, sino también porque estos microempresarios son la base y el motor de nuestro país.

 

Nuestra preocupación no se resuelve simplemente con acciones altruistas, sino que pretende alcanzar el nivel de política pública, reflejada en acciones concretas del ejecutivo que tengan un impacto expedito, de largo aliento y efectivo. Es así que, en días pasados, desde el Congreso de la República, le propusimos al Ministro de Comercio, Industria y Turismo que regule el precio de los arrendamientos de los pequeños y medianos empresarios, estableciendo un tope y un mínimo para los cánones con base en las ventas de cada comerciante. Esta medida remediaría, en buena parte, la grave situación que hoy están viviendo los pequeños y medianos empresarios.

 

Igualmente, le pedimos al Ministro de Agricultura que baje los precios de los insumos que utilizan nuestros campesinos para cultivar sus productos. En algunos casos, este rubro puede alcanzar el 30% del total de los costos de producción, lo cual es insostenible para muchos. Hicimos este llamado de manera enfática, dado que esta cartera está habilitada, por Ley, para fijar directamente dichos valores. Estamos convencidos que una acción en este sentido contaría con el apoyo de gremios, de muchos campesinos y de la ciudadanía en general, por el inmenso  beneficio que representaría.

 

Hasta la fecha, hemos visto un Gobierno Nacional algo tímido en su respuesta a las problemáticas de estos sectores. Francamente, esta postura nos resulta incluso decepcionante ya que el país necesita acciones reales y focalizadas. Las disposiciones de los más recientes decretos expedidos desde la Presidencia nuevamente aluden y favorecen a las grandes empresas y mayoristas. El vacío de atención hacia los campesinos, los emprendedores y pequeños empresarios persiste. Entonces, volvemos a preguntarnos, ¿qué estamos haciendo para apoyar a ese importante músculo de la sociedad?

 

El Gobierno puede y debe tomar medidas de fondo. No se trata de aplazarle los agobios a los microempresarios, porque el taxímetro de los compromisos financieros seguirá corriendo y con él, la desesperación. No es justo someter a esto, a aquellos que son los proveedores de Colombia

 

Mientras tengamos voz, seguiremos defendiendo los intereses de nuestros campesinos y de los pequeños y medianos empresarios. Ellos merecen consideración y preceptos especiales para seguir generando los bienes que nos permiten a los colombianos continuar tranquilamente en este aislamiento socia  y por supuesto recibir el sustento de su trabajo para su propia supervivencia.